Mi marido no acepta el diagnóstico de nuestro hijo: qué hacer cuando el otro progenitor lo niega

Vas en ese auto muerta de miedo, agarrando fuerte la mano de tu hijo, mientras él —pequeño— mira por la ventana sonriendo, sin que entiendas muy bien por qué sonríe.

Tampoco entendés muy bien por qué juega de una forma distinta, ni por qué no responde cuando lo llamás por su nombre… Van ambos en búsqueda de un nombre, una explicación, un porqué… un diagnóstico.

Sola. Así te sentís desde que empezaste a notar que algo no está del todo bien. Por otro lado, mil excusas: “que ya se le va a pasar”… “que estás exagerando”… “que muchos chicos crecen más lento”… etc.

Además de ese miedo sentís ese cansancio que no podés explicar: el cansancio doble de lidiar sola con todo esto que te abruma y, encima, tratar de convencer a tu pareja de que sabés que algo no está del todo bien.

Buscás respuestas en Google, en la IA, donde sea buscás — y eso desgasta aún más. Todo es confuso, enmarañado, inentendible.

Vivís en pareja pero en esto te sentís muy sola, y no sabés cómo manejarlo.

¿Por qué tu pareja niega lo que para vos es obvio?

Recibir un diagnóstico — o, incluso, empezar a buscar ese diagnóstico — pone a los padres en estado de duelo.

La pérdida del hijo que imaginaron. La aceptación de este hijo que vino a sus vidas. Entender qué es el autismo, qué le pasa… Todo eso te hace entrar en duelo, y generalmente da mucho miedo no saber con qué nos vamos a enfrentar.

El miedo hace que las personas actuemos de tres formas: huir, paralizarse o prepararse para pelear.

Evidentemente vos te preparás para dar pelea. Por eso estás en ese auto buscando todas las respuestas, tratando de encontrar un nombre y una guía, un camino que ayude a tu hijo a estar mejor, que te ayude a entenderlo, a comunicarte con él.

Probablemente tu pareja no esté en el mismo estado que vos. Es mucho más habitual de lo que nos imaginamos — y puede encontrarse paralizado por el miedo.

Ahora bien, cuidado si tu pareja decidió huir: el que además de negarlo se opone, se pone agresivo, no solo no ayuda sino que hace lo imposible para que tu hijo no asista a terapias o no aporta su parte en lo económico para que ese niño o esa niña tengan la asistencia que su condición requiere.

Si papá aún no está a tiempo, aún no salió de ese estado de parálisis, debe ser entendido y hay que darle el tiempo necesario para que pase por todas las etapas del duelo hasta lograr aceptar el diagnóstico y a su hijo autista.

Si acaso te están poniendo palos en la rueda para buscar ese diagnóstico o asistir a esas sesiones, si acaso no hay ayuda económica para lograr toda la asistencia profesional que el caso requiere, es muy aconsejable que busques asistencia psicológica y legal para revertir esa situación.

¿Qué hacer en el mientras tanto?

Si tu pareja aún necesita tiempo, pues bien dáselo — pero no dejes de mantenerlo informado, sin peleas, sin presionar y mucho menos sin tratar de imponer. Solo informar. Y si ya tuviste algún avance, mostrar ese avance aunque parezca pequeño.

Si logra ver el antes y el después de ese avance, habrás dado un paso enorme.

Dejar a mano el diagnóstico o un informe de evaluación o evolución del tratamiento puede ser una forma concreta.

Si ya hay un diagnóstico, explicar a tus demás hijos lo que está pasando va a ser fundamental — teniendo, por supuesto, los cuidados de no juzgar al otro progenitor.

No busques soluciones mágicas, curas milagrosas. Él no está enfermo. El autismo no es una enfermedad: es una condición.

Eso sí: por nada del mundo te detengas. Por nada del mundo dejes de buscar profesionales que trabajen en equipo, de asesorarte en terapias de puertas abiertas, de capacitarte y de ayudar a tu hijo o hija.

Jugá con él todos los días aunque más no sea un rato. Hacelo a la altura de sus ojos. Jugá a lo que a él le gusta, y de la forma que a él le guste. Imitarlo en sus formas y movimientos — y vas a ver cómo comienza una comunicación entre ambos que no tiene fin.

También guardate un rato para vos: que tu hijo se desarrolle muy bien va a depender de que vos estés bien, física, mental y espiritualmente. Cuidalo, pero cuidate.

Comenzá al menos con un rato por semana: una actividad, un gustito, algo que te encante y que hace demasiado venís postergando.

Hacelo sin culpas. No sos culpable de buscar tu bienestar para que él esté mucho mejor.

No soy terapeuta ni resuelvo problemas de pareja. Solo soy un padre que da charlas — y este tema te aseguro que sale en cada charla que doy, por lo frecuente que es.

Por último: tu pareja está mirando una foto y creyendo que es la vida entera de tu hijo. Vos ya sabés que no lo es. Y por eso no podés parar.

El límite es el cielo.

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